Los testigos de Jehová no aceptan transfusiones de sangre porque la ley de Dios prohíbe que se use la sangre de esa manera. La ley de Dios prohíbe que uno hurte, que asesine, que cometa

adulterio, que adore ídolos; de modo que los testigos de Jehová no hacen estas cosas. La ley de Dios también dice: “Que se abstengan de . . . la sangre.” (Hech. 15:20; Gén. 9:4) De modo que en obediencia al mandato de Dios, se abstienen de tomar sangre. Esto no significa que rechazan todo Tratamiento médico. No, en emergencias utilizan ensanchadoras del volumen del plasma, que son mucho más seguras que las transfusiones de sangre. Los testigos de Jehová no condenan la práctica médica; hay muchos médicos y dentistas entre ellos. Pero rehúsan violar la ley de Dios simplemente para ir de acuerdo con alguna práctica médica de la actualidad.

Pero supongamos que la esposa o el hijo de uno estuviera a punto de morir. El administrarle sangre, sin importar quién sea la persona amada, todavía constituiría una violación de la ley de Dios. El solo hecho de que uno esté a punto de morir no le da a uno libertad para quebrantar los mandamientos de Dios. Cuando uno está cerca de la muerte no es hora de pensar en alterar o violar la ley de Dios, sino, más bien, un tiempo de acercarse lo más posible a Dios permaneciendo fiel. La vida eterna es el galardón por la fidelidad. ¡Qué tontería sería perder la expectativa de vida eterna por la muy incierta promesa de una curación con transfusión de sangre!—Rev. 2:10.